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Terminó el evento que paraliza el universo futbolístico por un mes, los estadios del país de Mandela ya pueden comenzar a utilizarse para el rugby y todos podemos volver a concentrarnos en las ligas domésticas. Es momento de repasar el decimoprimer mundial de la Selección Uruguaya de Fútbol.
La elección de los futbolistas, la estrategia de disputar pocos encuentros en el camino previo, todo propiciaba cuestionamientos… el final distó mucho de lo pronosticado. El arranque fue un poco raro, la pena de no haber conseguido doblegar la resistencia de un seleccionado francés que terminó siendo desastroso y la incapacidad para mantener la posesión del balón encendieron un alerta, pero también comenzó a manifestarse una fortaleza defensiva implacable que Uruguay mantuvo durante los tres encuentros de la serie. En los dos partidos siguientes a esa fortaleza se le adosó la eficacia del ataque, eso diagramó el panorama que permitió ser primeros en la serie con el arco sin permitir anotaciones.
La actuación a esa altura permitía dibujar una sonrisa en los compatriotas, se quebraban rachas adversas contabilizadas en décadas, se superaban marcas históricas, se derribaban barreras autoimpuestas y se potenciaba la ilusión.
Después de salir con la cabeza en alto del Grupo A veíamos las series y dábamos cuenta de estar ante un panorama a nuestro favor; Uruguay se adjudicó a fuerza de buenos resultados el camino preparado para el anfitrión.
El encuentro por Octavos de Final tuvo final feliz, especialmente en ese partido se jugó entre mal y muy mal; pero se recurrió a la rebeldía, y esa vez fue suficiente para seguir adelante. La efectividad se mantenía, la seguridad defensiva había tropezado en el partido con Corea del Sur. Al fútbol siempre es más sencillo jugar cuando uno tiene la pelota, y eso no lo había logrado el seleccionado en el intenso juego ante los veloces asiáticos.
Para el choque de Cuartos reinaba la incertidumbre, la fortaleza de los africanos y el juego brusco que pudieron verse constantemente en los juegos previos configuraban un escenario complejo. El inicio era bueno, aunque sin concretar lo que se generaba, el dominio del encuentro se extendió por 20 minutos pero nuevamente la imprecisión hizo que el rival se nos venga arriba. Un gol en la hora del primer tiempo alteraba la tranquilidad que se configuraba con la llegada de los quince de descanso y obligaba a encarar de otra forma el complemento. Por primera vez en el torneo Uruguay estaba en desventaja, pero nuevamente, como contra Corea, la reacción no faltó y la igualdad se conquistó por la clase del hombre clave luego de una nueva trepada de la revelación celeste del mundial… Jorge Fucile fue Philipp Lahm por un mes.
Después de eso… VIVIMOS LA HISTORIA.
Estábamos entre los cuatro mejores, se venia Holanda sabiendo que, a pesar de que pudiéramos provocar vergüenza en la memoria de Obdulio, ya estábamos cumplidos. Pero claro, la realidad nos golpeaba de frente y nos decía “estamos a 90 minutos de jugar la final de una Copa del Mundo”, ¿como no iba a haber expectativa?. El partido nuevamente rozó lo épico, estuvimos en desventaja y conseguimos recuperarnos a merced del futbolista más destacado y de mejor nivel en muchos años. No lo dude, coloque a Diego Forlán a la altura de los más grandes de la historia de nuestro fútbol, no le estará faltando el respeto a nadie.
Al final no fue suficiente, el gol que nos puso a tiro llegó ya en los descuentos pero los de naranja terminaron bastante pálidos, sacándola como sea y pidiendo la hora. Faltó muy poquito para llegar al último partido del Mundial, pero lo hecho por el seleccionado en la semifinal fue conmovedor, así como lo fue la personalidad mostrada durante todo el torneo.
La lucha pasaba ahora por obtener un lugar en el podio, hubo iniciativa y pasajes de buen juego pero no bastó, nuevamente se convirtieron dos goles pero se permitieron tres.
El potencial futbolístico no fue una virtud apreciable en la estadía de la selección uruguaya en Sudáfrica, lo fueron el orden, la concentración, la capacidad para adaptar los recursos al rival de turno y las individualidades desequilibrantes apareciendo en los momentos justos. Todo eso, con una dosis de fortuna y el temperamento siempre asegurado permitieron que Uruguay conquiste la cuarta ubicación, superando las campañas de 1962, 1966, 1974, 1986, 1990 y 2002 e igualando las campañas de 1954 y 1970, aunque en definitiva superando esta última también si tenemos en cuenta el porcentaje de puntos obtenidos. En resumen, es la cuarta mejor campaña de un seleccionado uruguayo en Copas del Mundo.
Por un rato nos olvidamos de las divisiones internas, los periodistas habitualmente impresentables nos parecieron simpáticos y hasta queribles, desafiamos la lógica y molestamos a las potencias que vieron el cuadro final y se percataron de la presencia de un intruso. Por un rato nos creímos el cuento de la organización de la AUF cuando durante 4 años tuvimos 3 presidentes y diez millones de renuncias; simplemente no cortaron el ciclo de Tabárez porque nadie sabía quien era el responsable de firmar el despido. La gente se permitió festejar y vio más allá de un resultado, lamentablemente es algo que sucede, en promedio, una vez por década.
La serenidad y seriedad de los futbolistas no faltó nunca, así como tampoco la de un conductor que no necesita recurrir a declaraciones rimbombantes para caer simpático o presumir personalidad y al que es disfrutable escuchar en conferencias de prensa.
Muchas veces tocó buscar enseñanzas ante resultados negativos, ojalá esta vez se aprenda también, ojalá se tomen en serio los proyectos, ojalá los directivos de los clubes que robaron cámara desde Sudáfrica no lloren públicamente cada vez que tienen que ceder a un futbolista al seleccionado, ojalá pase todo eso que íntimamente sabemos no sucederá.
Un torneo absolutamente inolvidable que seguramente se valorará más a medida que los años vayan pasando… una campaña histórica que no garantiza nada y se olvidará ante el primer traspié; ya vendrá la eliminatoria para el 2014 con un cupo menos y vamos a volver a sufrir, pero soñar es para soñadores y hubo un grupo de deportistas que hicieron realidad muchas de esas escenas que solo podíamos imaginar. El agradecimiento también debe perdurar.

















